Es innegable que Zapatero ha quemado sus últimos cartuchos. Ha perdido el apoyo de los sindicatos, de sus bases, de los Barones del partido (a los que en su mayoría se encargó de eliminar paulatinamente para afianzar su liderazgo y poder político)...
De nada le sirvió ocultarse detrás de su ex-vicepresidenta en los momentos complicados (técnica recomendada por Maquiavelo en el Príncipe, por cierto); de nada le ha servido el cambio de Gobierno que trataba de lavar su maltrecha imagen; de nada su efectiva maquinaria propagandista. Zapatero es, a día de hoy, un hombre acabado que espera el fin de la legislatura, siendo consciente de que esta fecha marcará también el fin de su carrera política. La realidad es que Zapatero es un "cadáver político" y su partido lo sabe.


