Decía Paul Auster "Para aquellos que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión".
Este ha sido quizás el problema de los sistemas democráticos. Las filas políticas se han vaciado de gente con ideas e ideales gentes que, en ausencia de valores y creencias de todo tipo, hacían de la democracia su valor supremo. Esto implica que se justifica todo por (y con) la democracia y, como la democracia son los partidos, la máxima todo por la democracia (todo por la partitocracia) es por lo tanto la que ha primado.
Con esta brutal crisis que supuestamente ha creado el sistema económico los políticos se rasgan las vestiduras. Los de un lado dicen "no fue culpa nuestra, venía de fuera"; los del otro dicen "vaya pufo nos habéis dejado", pero tanto unos como otros declaran "menos mal que estamos aquí porque tenemos la solución al problema" (la tienen y no la aplican). En definitiva se acercan a nuestra oreja y nos susurran "somos imprescindibles", gastando para ello más esfuerzo que para resolver la "maldita crisis".


